Roberto Doberti es un escritor que vive en las fronteras: un transeúnte empedernido de mundos diversos y como tal, un irreverente, un contrabandista, un destructor de muros. Un exquisito degustador de las posibilidades que abren las zonas de borde. 

Roberto Doberti está instalado en un lugar de privilegio en la serie de los académicos que reflexionan sobre el proyectar, la forma y el habitar. A su vez, las obras literarias que ha venido escribiendo durante los últimos veinte años, lo instalan también en la serie de la literatura argentina.

Sus desplazamientos intersticiales lo llevan a moverse con comodidad por los ámbitos de lo universal y lo local: en sus páginas, tanto puede encontrarse la descripción de una ciudad de Oriente como la alusión a una baldosa porteña o un héroe mítico cerca de almaceneros o campesinas de la Pampa.

Doberti es un maestro poco condescendiente, como deben ser los maestros; impulsa al naufragio de la duda con la ironía, la humorada, pone al aprendiz al borde del abismo de la falta de certezas para cuidar, finalmente, su salvación con comentarios y explicaciones que -paradoja de las paradojas- no abundan en certezas sino en conjeturas. 

 

Escritos cítricos

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Roberto Doberti es un escritor que vive en las fronteras: un transeúnte empedernido de mundos diversos y como tal, un irreverente, un contrabandista, un destructor de muros. Un exquisito degustador de las posibilidades que abren las zonas de borde. 

Roberto Doberti está instalado en un lugar de privilegio en la serie de los académicos que reflexionan sobre el proyectar, la forma y el habitar. A su vez, las obras literarias que ha venido escribiendo durante los últimos veinte años, lo instalan también en la serie de la literatura argentina.

Sus desplazamientos intersticiales lo llevan a moverse con comodidad por los ámbitos de lo universal y lo local: en sus páginas, tanto puede encontrarse la descripción de una ciudad de Oriente como la alusión a una baldosa porteña o un héroe mítico cerca de almaceneros o campesinas de la Pampa.

Doberti es un maestro poco condescendiente, como deben ser los maestros; impulsa al naufragio de la duda con la ironía, la humorada, pone al aprendiz al borde del abismo de la falta de certezas para cuidar, finalmente, su salvación con comentarios y explicaciones que -paradoja de las paradojas- no abundan en certezas sino en conjeturas.